
No hay nada como un buen reto. Siempre que encuentro cualquier actividad que me presenta un reto difícil, pero no imposible, me siento atraído a su naturaleza. Cuando era niño, mi abuelo solía hacer un juego en el que agarraba mi dedo índice y me preguntaba “a quién tú quieres más, a tu mamá o a ayayai?” y si respondía lo primero, me apretaba el dedo con fuerza hasta que gritara lo segundo y perdiera. Siempre sabía como iba a comenzar y como iba a terminar el juego, pero también siempre quería saber hasta donde podía aguantar sin gritar. Me encantan los retos así.
Fue esta misma curiosidad la que me llevó a descubrir Spelunky, un juego indie hecho por Derek Yu alias Mossmouth, el cual se inspira en Super Mario, pero por dentro alberga un gameplay que es mitad divertido y mitad quiero-tirar-este-control-por-la-ventana. A simple vista el juego funciona como un platformer 2D cualquiera: hay un botón para saltar, puedes usar bombas o cargar objetos como piedras y armas, y si te caes en un hueco profundo puedes usar una soga para salir del hueco y continuar. Lo que no sabía era que por dentro el juego es una bestia que se alimenta de tu frustración.
El objetivo del juego es explorar una cueva que poco a poco se va transformando en un calabozo, y cuya dificultad sube a medida que vas descendiendo al siguiente nivel. La idea no es bajar por amor al arte, sino también encontrar tesoro, pero para hacer eso tendrás que pelear contra arañas y serpientes venenosas, trampas letales, indígenas con boomerangs, demonios, vendedores estafadores a los que no les gusta que les roben, dioses mitológicos – en fin, lo de siempre. Suena fácil si te lo cuento así, pero todavía no sabes que cada vez que comienzas un juego nuevo, el esquema de la cueva cambia y las trampas y enemigos cambian de posición. Todo esto combinado con muerte permanente, la nueva moda en la que tienes cierta cantidad de golpes que puedes aguantar, pero después de morir debes regresar al comienzo de la cueva, no importa dónde hayas pelado el bollo.
No tenía idea de que existiesen juegos así, pero luego me puse a leer y descubrí que Spelunky es lo que se conoce como un juego roguelike, un tipo de aventura inspirada en el juego original Rogue, desarrollado en 1980 para sistemas Unix universitarios por Michael Toy y Glenn Wichman. Este clásico de culto inspiró otros juegos conocidos como dungeon crawlers, que gozaban de una dificultad brutal y mapas generados al azar. Es posible que hayas jugado títulos roguelike sin saberlo, como los de la serie Diablo o Torchlight, por ejemplo.
Spelunky es un juego que mi hermano menor jugaba constantemente y a pesar de que moría una y otra vez, él seguía volviendo como tremendo masoquista. Al verlo yo no podía entender su grado de obsesión, pero luego comencé y no podía parar. Es un juego que a pesar de ser extremadamente difícil en algunos momentos, te fuerza a volverte mejor con cada sesión y rara vez he podido decir que cuando muero es porque el juego es injusto. Al principio te enseñan las reglas del mundo y sonará morboso, pero tú decides como morir. Es este tipo de dificultad que hace que cuando muero y debo volver al principio quede diciendo “ah sí, es verdad, no debí haber saltado en esa dirección” o “rayos, pa’ la próxima compro un jetpack”. Para que tengan una idea, vean este montaje hecho por la usuaria de Youtube, Sarah Brown:
Aunque sabrán que nada de eso ayudaba, porque siempre moría miserablemente en el nivel 3-4, pero al menos es cool saber que todavía hay juegos que inducen este tipo de concentración tipo zen en mi persona. La diversión solo incrementa cuando juegas con otra persona, en modo cooperativo de hasta cuatro personas donde tus bombas y sogas se dividen entre la cantidad de jugadores presente y cada uno puede golpear a su compañero si no se fijan qué están haciendo.

Después de un mes jugando Spelunky, mi curiosidad me llevó a investigar otros juegos como Faster Than Light, uno de los tantos éxitos salidos de Kickstarter en donde recibes una nave espacial y una tripulación, la cual debes guiar por el espacio sideral en busca de cosas que explorar. En tu camino podrás encontrar naves piratas, planetas por habitar, cinturones de asteroides y muchas otras cosas que generalmente harán que algo se dañe dentro de la dichosa nave.
FTL me gusta porque puedo explorar los rincones oscuros de mi psique. En una batalla, una de las compuertas de mi nave estalló y tuve que mandar a un cadete a apagar el fuego porque estábamos perdiendo oxígeno a gran velocidad. Mi cadete logró arreglar el hueco, pero quedó atrapado afuera de la nave en medio de la balacera. Tuve dos opciones: mandar a otro cadete a rescatarlo y demorar nuestro escape o activar mi salto estelar y ver a mi cadete desintegrarse. Gente, el SS Saril sigue andando y mi tripulación por siempre apreciará el sacrificio del cadete Ramirez (y de otro poco que se ha muerto a manos de mi incompetencia como capitán).
Este tipo de libertad para vivir una aventura distinta en cada sesión genera una sensación de curiosidad infinita. Siempre quiero volver a ver qué me pasará esta vez en la cueva, o con quién me toparé durante mi exploración espacial. El valor de rejuego no tiene fin, y estos son juegos con gráficos relativamente sencillos y ese sentimiento acogedor de algo que se ve pequeño por fuera y tiene millones de recuerdos en su interior.

Otro juego roguelike notable que he visto es The Binding of Isaac de Edmund McMillen (Super Meat Boy), un juego en donde controlas a Isaac, un niño que se encierra en el sótano de su casa para tratar de huir de su madre, quien ha oído la voz de dios decirle que debe sacrificar a su hijo como prueba de su fe. En el juego, Isaac entra a su sótano y descubre abominaciones que quieren cenarlo, y debe descender por niveles para salvar su vida. El plano del juego es cenital, similar a Zelda: A Link to the Past, pero el concepto es mucho más oscuro y el juego cuenta con al menos 20 finales distintos.
Lastimosamente, no he tenido mucho tiempo de jugar The Binding of Isaac, pero si quieren pregúntenle a Jorge, nuestro editor indie que ama ese juego con una pasión aterradora.
Por su valor de rejuego, los títulos del género roguelike definitivamente justifican su precio, sobretodo considerando que la mayoría son hechos por desarrolladores independientes y que, de no ser por el auge actual de plataformas como Steam, PSN o XBLA, probablemente no podríamos jugar. Todos los juegos que mencioné están disponibles en distintas plataformas ahora mismo y algunos los puedes conseguir en descuento si estás atento(a) a las ofertas que posteamos en Twitter a diario.

Deja un comentario
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.